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El arte de saber escuchar

Hace poco hablamos en nuestro blog sobre el gran poder de un buen comunicador y su gran capacidad de persuasión e influencia. Para que cualquier proceso comunicativo tenga lugar es imprescindible la presencia tanto de un emisor como de un receptor.  Así, si la función del emisor es comunicar bien, la del receptor es escuchar, por supuesto, bien también. Solo así se asegura una comunicación eficaz.

“Hablar es una necesidad, escuchar un arte” – Goethe.

Es muy importante hacer hincapié en la diferencia entre oír y escuchar. Mientras que oír se remite a un fenómeno biológico del propio ser humano, escuchar es un fenómeno social mediante el cual interpretamos y prestamos atención a los interlocutores. Saber escuchar no es solo una actitud sino es también una habilidad que exige atención y ganas de comprender, y como cualquier habilidad, esta también se puede adquirir. Tener la capacidad de poder escuchar nos permite percibir el mensaje implícito que se nos está comunicando.

Para practicar la escucha activa es muy importante trabajar nuestra capacidad de empatía hacia los demás. Traducido en el acto de la comunicación, basta con imaginar cómo se siente la persona que nos está hablando y entender los motivos y las necesidades que le inducen a decir lo que nos está contando.

Esta empatía conlleva dos beneficios principales. Por un lado,  la escucha activa crea una atmósfera de respeto y un espacio de interrelación, estableciendo un puente emocional de conexión.  Por otro lado, nos da más credibilidad a la hora de presentar posibles soluciones a sus problemas.  La escucha activa y la empatía facilitan que la otra persona se sienta escuchada y comprendida.

Un proverbio oriental dice: “Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido”. El justo equilibrio entre saber escuchar y saber hablar produce el diálogo. Para adoptar una actitud de escucha activa debemos limpiar la mente y dejar de un lado nuestras necesidades y nuestros pensamientos para poder así concentrarnos con todo lo que dice la otra persona. ¿Cuáles son los elementos fundamentales para ir adquiriendo esta habilidad?

No interrumpir y ante todo, nunca terminar las frases del otro.

Escuchar sin prejuzgar ya que nuestros prejuicios pueden condicionar las palabras y el sentido de lo que la otra persona nos esté contando.

Demostrar que estamos escuchando cuidando nuestro lenguaje corporal. Por ejemplo, mantener el contacto visual de una manera natural.

Hacer preguntas de vez en cuando para demostrar que estamos atentos y que tenemos interés por lo que nos están contando.

Repetir de vez en cuando lo que ha dicho la otra persona es otra forma de demostrar también que estamos escuchando.

Aprender a sentirse cómodo con los silencios de la otra persona. A veces necesitamos dar a las personas tiempo para pensar y encontrar las palabras más precisas para transmitir lo que quiera decir. Debemos dejar ese espacio y no querer llenarlo.

Por todo ello dicen que tenemos 2 oídos y 1 boca: hablar menos y escuchar más 😉

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