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El movimiento slow en la nueva normalidad

Rutas a pie para volver a viajar

Hace ya algún tiempo que compartimos en nuestro blog este post donde introducíamos el popular concepto slow travel, esta manera de viajar que no pretende que el viajero visite el máximo posible en tiempo récord. Más bien que se mimetice con el destino, que entienda el modo de vida la cultura, el idioma y la gastronomía del lugar.

La sociedad moderna en la que vivimos parece que lleve un temporizador con cuenta atrás. Y a fecha de hoy, parece que hemos llegado al final de esta. La situación extraordinaria que estamos viviendo con el COVID-19 nos ha hecho cuestionarnos el funcionamiento como sociedad, nuestro sistema de producción y nuestra manera frenética de vivir. Para muchos, este “break”, no mental, sino más bien físico, de movernos de arriba a abajo, nos habrá hecho ver las cosas desde otra perspectiva.

El movimiento slow parece encajar a la perfección como el método adecuado para volver a la rutina. Una rutina, que sea dicho de paso, tiene que mucho que aprender de la corriente slow. Las ganas de viajar y de conocer mundo nunca se acaban. Y dadas las circunstancias, qué mejor manera de volver hacerlo que aplicando slow travel.

Uno de los tips para practicarlo es caminar, ya sea por la ciudad o por el propio entorno del destino. Europa está lleno de rutas culturales que recorrer. ¿Sabías qué hay 32 itinerarios culturales certificados por el Consejo de Europa? Hay quienes afirman que viajar a pie es otro nivel porque ves el país con otros ojos. Probablemente la ruta más famosa a pie sea la de peregrinaje del Camino de Santiago. Pero… ¿qué otras más opciones existen? Os compartimos algunas:

  • El camino de San Agustín en Inglaterra, que conecta la catedral de Rochester con la ciudad Ramsgate, donde se encuentra la catedral Canterbury, declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
  • Via Francígena en Suiza e Italia. Este camino recorría Europa de norte a sur. No obstante, el tramo más espectacular es el que atraviesa los Alpes que conecta la localidad suiza de Matigny con el valle de Aosta, al norte de Italia.
  • El camino de San Enrique en Finlandia. Este antiguo camino servía de puente para los peregrinos escandinavos que buscaban embarcar con destino a Galicia
  • El camino de peregrinaje de San Olav en Suecia y Noruega, que antiguamente conectaba los creyentes del este de Suecia con la ciudad noruega Trondheim.

  • Via Coloniensis en Alemania. Recorriendo el valle del Rhin, este camino conectaba Colonia con Tréveris y su catedral de San Pedro, la que, originalmente, fue la iglesia cristiana más antigua del país.

¿Y fuera de Europa? Para los más atrevidos existe el Camino Inca en Perú donde recorres una antigua red de calzadas que unía Cuzco con los confines del imperio inca. También está el Sendero de los Apalaches que atraviesa Estados Unidos o el de Te Araroa, en Nueva Zelanda, paisaje que no decepciona jamás:

Existen muchas rutas a pie, y la gran mayoría son largas, muy largas. Pero… hemos quedado que ya no habrá más prisa, ¿no? Hacer solo una etapa, o repartírnoslas en varios años, qué más da.

No es tan importante el destino, como el disfrutar del camino que recorremos para llegar.

 

 

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