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¿Turista o viajero?

Esta supuesta disyuntiva se viene suscitando desde hace algunos años, y pretende diferenciar al primero del segundo en base a factores culturales, antropológicos, gastronómicos, de exotismo, aventura más o menos controlada y otros parámetros que se puedan ocurrir relativos a la actividad (o experiencia, otro debate) de viajar.

Así, los que se autodenominan “viajeros” desprecian o menoscaban a aquellos “pobres desgraciados” que se limitan a ser turistas y a los que no se les ocurre otra cosa mejor que hacer cuando van a Paris por primera vez que intentar ver y si es posible, subir, a la Torre Eiffel, o en Sevilla visitar La Catedral con su Giralda o en Nueva York el bullicio de Times Square.

Por contraposición, él, el viajero, es ese ser culto, sofisticado y que está ya de vuelta de esas vulgaridades y que aprecia mucho más el descubrimiento de un infame callejón de Hanoi, donde una anciana vende en condiciones de más que dudosa salubridad, rollitos vietnamitas recién hechos (o no) a ver la Torre de Londres.

Tampoco nos es ajeno el “devorador de postales”, que hace bueno lo de “si hoy es martes, esto es Bélgica” y cuyo único deseo es coleccionar chinchetas en un mapa y cuyo mayor anhelo gastronómico, cuando viaja, es encontrar un restaurante español que sirva tortilla de patatas, porque ya se sabe que esa gente de fuera, de comer no tienen ni idea.

Personalmente, y después de unos cuantos viajes, yo me considero turista y viajero. Y no veo porque he de “afiliarme” a una de estas dos tendencias supuestamente antagónicas, cuando en definitiva ambas se refieren a lo mismo: la curiosidad del ser humano por saber, ver y aprender de lo que hacen otros seres humanos en otros sitios, o de lo que la naturaleza ha conformado a través de miles o millones de años.

Así, cuando viajo a un destino por primera vez, lo primero que hago es apuntarme a una visita guiada (ya sea a título individual para mí y mis acompañantes o en grupo organizado, o en buses “hop on, hop off”) para conocer lo más destacable de ese destino y lo que de algún modo, lo ha situado en el mapa del interés de la curiosidad turística. Y es que no es casualidad que la Sagrada Familia de Barcelona sea el monumento más visitado de esa ciudad, lo es por méritos propios, y sería una imbecilidad no visitarla si no has estado antes. Luego te gustará más o menos, la arquitectura de Gaudí te seducirá o te generará rechazo, pero podrás opinar de una construcción singular y única en el Mundo. Y podríamos añadir un montón más de ejemplos de estas características a lo largo del mundo que se suman a los ya citados antes más arriba en este artículo.

Naturalmente, cuando he estado en un destino en varias ocasiones y conozco lo más “destacado” o popular, empiezo a interesarme por aspectos o lugares menos conocidos pero que pueden tener un encanto para mí, y si es un destino lejano y tengo la suerte de pasar varios días y desconozco si tendré oportunidad de volver, procuro alternar ambos, con prioridad por Agnkor Wat en Siem Reap, antes del mercado nocturno para degustar insectos, por ejemplo, pero si puedo hacer ambos, pues mejor.

Lo que vengo a decir, es que independientemente de la actitud que tome uno frente a los viajes, todas muy respetables, faltaría más, no me parece relevante posicionarse como turista o viajero, para resaltar de un modo u otro, lo que, en definitiva, como decía antes, une a ambos “bandos”, la curiosidad por conocer. Por lo tanto, viajemos y disfrutemos de este maravilloso mundo compuesto por cosas tan interesantes como el Coliseo de Roma o el museo de artes y oficios en Paris o una modesta vivienda en las montañas de Jebel Akhdar, en Omán, donde te servirán un té delicioso como muestra de hospitalidad. Todo nos enriquece, seguro.

Rafael Isún, diplomado en Dirección de Marketing en EADA Business School (1988) y con el PDP Advanced Certification en Hotel Marketing por la Cornell University (2008), lleva más de 40 años dedicándose al mundo del turismo llevando a cabo labores de alta responsabilidad en diversas empresas turísticas (DRF, Hotel Majestic, Viajes Mediterráneo, etc.). Actualmente, ocupa el cargo de Managing Director en Patterson.Travel. También es socio fundador de Verum Hotel Development y profesor asociado en EADA Business School, colaborando en el International Master in Hospitality Management. 

Comments (1):

  1. Manuel

    noviembre 5, 2020 at 12:39 pm

    Querido Rafa,
    Amén!
    Comparto profesional y personalmente tu visión de la misión y objetivos del turista/viajero. No es necesario polarizar el arte de viajar. Es obligatorio disfrutarlo. Seamos libres para hacerlo

    Gracias y un abrazo

    Manuel Macías
    Sevilla Convention Bureau

    Responder

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