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¿Planificas o improvisas? Dime cómo viajas y te diré quién eres

La neurociencia nos ayuda a comprender las ventajas y el lado más oscuro de dos cerebros muy diferentes

Dos personas que van a coger el mismo vuelo se presentan de formas muy diferentes en el aeropuerto. Una lleva los billetes impresos por si acaso, captura de pantalla por si no tiene cobertura y le ha pasado esa captura a su acompañante por si su móvil desaparece. Camina tranquilamente porque va con tiempo de sobra para comprar una botella de agua pasados los controles y algún libro. Otra llega volando, pide que le dejen pasar los otros viajeros porque su avión va a salir, mientras se promete que es la última vez que llega sin tiempo. El primer viajero vive en la certidumbre, ha planificado su viaje hasta donde le ha sido posible y se prepara para vivir los imprevistos justos, aquellos que no dependen de sí. La segunda persona pertenece al grupo de “improvisadores e improvisadoras”, ésos que son capaces de comprar su billete en el último segundo. Lo suyo es la adrenalina y el todo puede pasar.

Tras estos comportamientos se encuentran dos formas muy diferentes de funcionamiento cerebral. La neurociencia estudia cómo nuestras conexiones neuronales, que se reflejan en esa planificación, pueden influir en nuestra salud mental, pero también en nuestro día a día: rendimiento, felicidad, tranquilidad o seguridad.

Todo atado y bien atado

Las personas que tienen un excel para sus finanzas, que organizan hasta el último segundo sus viajes, aquellos que dejan poco espacio a “lo que venga”, entregan el mando de sus vidas a la corteza prefrontal. Esta zona es precisamente la más evolucionada de nuestro cerebro y es la que rige las decisiones ejecutivas: prevé objetivos, rebaja impulsos y se anticipa a las consecuencias de nuestros actos.

«La planificación reduce drásticamente la carga cognitiva cotidiana al automatizar decisiones y minimizar la incertidumbre percibida», explica el neurobiólogo y profesor de Stanford Andrew Huberman. En este proceso, nuestro cerebro economiza glucosa y reduce la actividad de la amígdala, el centro de mando de la ansiedad y las amenazas.

El lado oscuro de estas personas tiene sus complicaciones. Nuestro entorno es cambiante, fluctúa vertiginosamente, y estas personas sufren “rigidez cognitiva”. El cortisol u hormona del estrés se despliega rápidamente en situaciones adversas. El simple retraso de un vuelo o la pérdida de una maleta pueden convertirse en una insoportable carga de estrés que el improvisador soporta con mayor control.

Lo que el universo me mande

Lejos de estas personas planificadoras, en el polo opuesto, encontramos a los que improvisan en su día a día dejándose llevar por las circunstancias. No son personas que sencillamente fluyen: su estructura cerebral es muy compleja, tal y como han descubierto diversos investigadores. Al resolver problemas sobre la marcha y hacer frente a la vida sin planes previos, nuestro cerebro desconecta ciertas zonas de control de la corteza prefrontal, activando la Red Neuronal por Defecto.

El neurocientífico Charles Limb de la Universidad John Hopkins estudió a través de resonancias magnéticas el cerebro de músicos de jazz y actores en plena improvisación. La zona responsable de la autocrítica y la inhibición se apagaba, encendiéndose la corteza medial, responsable de la autoexpresión. «Improvisar no es operar en el vacío; es acceder a un estado de flujo donde el cerebro confía en el aprendizaje implícito previo sin la interferencia del filtro censor», explica el doctor Limb.

Pero no todas iban a ser buenas noticias para los menos planificadores. Estas personas viven instaladas en un flujo de dopamina continua generado por la novedad. Su atención voluntaria se agota rápidamente y la procrastinación es su compañera de viaje.

4 claves para convertirte en el Viajero Flexible

Encontrar el punto medio es posible y beneficioso para ambos. No caer en un exceso de planificación ni dejarlo todo en manos de un orden superior. Como en todo, en el punto medio encontraremos la virtud, eso que la neurociencia ha bautizado como flexibilidad cognitiva.

  • Regla 70/30 o «Estructura Mínima Viable» Preocúpate con antelación por los elementos básicos: vuelos, actividades con reserva imprescindible… Ponte en manos de expertos que organicen la parte necesaria, ese 70% imprescindible; y deja el otro 30% libre para que la vida te sorprenda.
  • Improvisación de bajo riesgo Un consejo para las personas híper planificadoras. Deja 3 o 4 horas al día libres: sin planos, guías ni móvil. A la aventura. Descubre el placer de vagar sin rumbo por zonas seguras, liberando la parte de tu cerebro más exploradora.
  • ¿Planes? Sí, pero sólo If-Then (si-entonces) Los planes B ayudan a que la amígdala cerebral no convierta un cambio en un fracaso. Si no encuentro entradas me iré a dar una vuelta por la zona más moderna de la ciudad o si llueve veremos un espectáculo nos ayudan a minimizar la frustración.
  • Planifica días sin planificación y viceversa Planificadores, a la aventura. Soltad las riendas y a disfrutar. Los improvisadores harán todo lo contrario. Deben planificar actividades como contratar un tour o ir con un grupo a visitar algún destino. De esta forma su cerebro descansa al tenerlo todo controlado y se repone la glucosa cognitiva, que falta les hace.

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