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Estos son los lugares más inaccesibles del planeta

Las ‘Islas del cielo’, el ‘Punto Nemo’, el Valle del Javarí, las Fosas de las Marianas o la cima del Gangkar Punsum son destinos con los que soñaremos siempre

¿Queda algún lugar en la superficie de la tierra que aún no haya sido explorado? Los expertos están de acuerdo en que alguna parte de las montañas de Namuli, en el norte de Mozambique, siguen siendo un misterio para el ser humano. Nuestra atracción a lo desconocido ha puesto en el mapa las llamadas “Islas del cielo”, conjunto montañoso del que forma parte Namuli. Los lomwe, la comunidad de moradores de esta zona, sonríen sin parar. Para protegerles a ellos, sus tierras y sus cultivos, se ha creado el Plan de Legado Colectivo de Namuli. Para que continúe tan inaccesible -y sostenible- como sea posible.

Otro punto tan inaccesible como atractivo es el Parque Nacional Tsingy (Madagascar), Patrimonio Natural de la Humanidad. Este asombroso lugar toma su nombre del término local “Mitsingytsingyna”, que significa “caminar de puntillas”, en referencia a sus rocas de aguja de hasta 30 metros de altura. En algunas zonas, los exploradores sí son bienvenidos. Allí, bajo estas piedras punzantes, el afortunado viajero descubrirá un paisaje único con manglares, riachuelos, baobabs o árboles llama.

Más peligroso es llegar al brasieño Valle del Javarí, tupida e inaccesible selva del tamaño de Portugal que acoge a la mayor concentración de indígenas en aislamiento voluntario. Estos indígenas sí han llegado a relacionarse con nuestra civilización -en ocasiones de forma violenta- y no quieren saber nada de ella. También pescadores ilegales, cazadores furtivos, madereros y narcos amenazan diariamente la paz de este valle donde los forasteros no son bienvenidos.

Más alto, mucho más alto, encontramos el Gangkar Punsum, la montaña sagrada de Bután, el país más feliz del mundo. Con 7.550 metros de altitud, su cima es la más alta aún sin conquistar. Y no es porque el ser humano no lo haya intentado en varias ocasiones, sino porque en 1994 Bután prohibió escalar montañas que sobrepasaran los 6.000 metros de altitud. ¿La razón? El comunicado oficial que acabó con los sueños de tantos explicaba serenamente que “allí, a partir de los 6.000 metros, existen espíritus que no pueden ser molestados”.

Y de arriba a abajo, sin tomar aliento, directos a la Fosa de las Marianas, otro de los puntos más remotos del planeta. Situadas en el océano Pacífico, es el área más profunda conocida de la Tierra. Esta media luna de unos 2.550 kilómetros de largo por unos 70 de ancho, alcanza su máxima profundidad a 11.034 metros. Hasta allí descendió en 2012 el explorador y director de cine James Cameron. Su medida fue diferente: “Diez mil ochocientos noventa y ocho y medio. Qué demonios, lo redondearé a 11.000 metros cuando lo cuente en los cócteles”, exclamó entre risas al llegar.

Y no, no podíamos acabar de hablar de lugares inaccesibles de nuestro planeta sin mencionar el Punto Nemo o ‘polo de inaccesibilidad oceánica’. Su nombre más popular rinde homenaje al capitán de las ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’ de Julio Verne.. A 4.800  kilómetros de la costa de Nueva Zelanda y a 3.200 de la Antártida, ningún otro punto está más alejado de tierra firme. No es extraño que los seres humanos más cercanos sean, en ocasiones, los astronautas de la Estación Espacial Internacional.

Sin duda, en un planeta maravilloso, quedan muchos otros destinos poco accesibles. Islas remotas, selvas recónditas, cuevas y pasos vertiginosos… El reto es ser capaces de mantenerlos vivos, misteriosos, con toda su riqueza intacta, apostando por un turismo sostenible y respetuoso con el medio ambiente y con las futuras generaciones.

 

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