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Sí, se puede ser feliz en el trabajo [y mucho]

Claves para recuperar la alegría, la energía y la creatividad de lunes a viernes

¿Cuánto de nuestro descontento está causado por el exceso de responsabilidad o de tareas acumuladas? ¿Cómo nos afectan los malos rollos y las relaciones tóxicas en la oficina? ¿Qué podemos hacer para convertir nuestro entorno laboral en un oasis de trabajo duro, innovación y -por qué no- de nuevas vibraciones?

Y es que cada día, millones de personas enfilan su camino de siempre cargadas de malos presentimientos, trabajo retrasado, estrés a toneladas… Cada mañana, ciudades enteras colapsan por la negatividad de empleados de todas las edades quemados antes de empezar a trabajar.

La pregunta de los expertos es lógica: si planeamos al milímetro nuestras vacaciones, ¿por qué descuidamos de esta forma nuestro bienestar laboral? ¿Es la improvisación la mejor forma de afrontar los retos del día a día? ¿No deberíamos dar una vuelta a lo que cada uno puede hacer para cambiar su ambiente de trabajo? Echar la culpa a los “lópez”, “arias” o “domínguez” de turno no da resultado. Eso está garantizado.

El bienestar laboral nos compete a todos: no es un lujo ni un ideal a alcanzar. Es una realidad más cercana, sencilla y necesaria de lo que pensamos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado el burnout o síndrome del trabajador quemado como problema de salud legítimo. Asimismo, lo ha definido como un estado de estrés crónico que se experimenta en el lugar de trabajo, siendo mal gestionado por sus protagonistas.

Síntomas y más síntomas

Los tenemos ahí, al alcance de la mano. Agotamiento mental, aturdimiento, ansiedad, sensación de metas inalcanzables, estrés y falta de aire ante tareas pendientes inabarcables. Desde la OMS añaden un par más: el cinismo ante nuestras tareas y la sensación de que por más que corramos, nunca lograremos llegar. El panorama es desolador. Para estos expertos, el bienestar no es el trabajo ligero sino la presencia de un equilibrio mientras desempeñamos nuestros roles. ¿Cantando y riendo? Pues a ser posible, sí. De lo contrario, el aburrimiento y el cansancio limarán, poco a poco, nuestra creatividad y la innovación que nace de ella.

4 Claves para trabajar bien o muy bien

El bienestar se mide así. ¿Tengo ganas de que llegue el lunes? No necesariamente, pero tampoco angustia el domingo por la mañana por lo que me espera la próxima semana. ¿Soy feliz haciendo cualquier cosa? No, de ninguna manera. Pero sí realizando los trabajos que me son encomendados y que sé que realizo bien.

  • Microparadas: el ritmo de los más listos

​Trabajar seguido, seguido, comiendo un bocadillo en la mesa sin apenas descansar, incrementa nuestro malestar. Los que saben de bienestar laboral nos recomiendan microparadas para no perder eficiencia. Nuestro cerebro no fue creado para enfocarse en un problema sin límite. Cada 50 minutos haz una breve parada de, al menos, 5 minutos. Tu cuerpo y, sobre todo, tu mente, te lo agradecerán. Y mucha atención: cambiar la pantalla del ordenador por la del móvil no cuenta. Pasea, distráete, lee, mira por la ventana o charla con un compañero en la máquina de café.

  • La importancia de los límites

No, no vale en cualquier momento y a cualquier hora. La omnipresencia es un síntoma de empresas cutres, que no apuestan por su capital humano. Mezclar el trabajo con las horas de descanso es un riesgo cada vez más presente en compañías de todos los tamaños. Di no al whatsapp nocturno de la empresa, a los Teams entrometidos y a las llamadas a deshoras. “Mañana lo hablaremos” debería bastar. Si no es así, corre…​

  • Un ambiente de paz

El orden, los colores armónicos, los detalles de diseño… Hay cien elementos que pueden ayudarte a mantener a raya el caos. Lo que te rodea te afecta de una forma que ni siquiera podrías imaginar. Una buena luz, plantas alrededor, alguna foto especial para nosotros, un bote de bolígrafos de diseño o el calendario que nos hizo algún familiar tienen propiedades curativas. Aprovéchalas.

  • Deporte, deporte y más deporte

Y no lo decimos nosotros, lo dice Harvard. ​El sedentarismo es el enemigo silencioso del bienestar. Estar sentado ocho horas arruina la espalda y apaga la energía. Realizar actividad física es lo que más y de forma más rápida reduce los niveles de cortisol, también llamada hormona del estrés, disparando las endorfinas. Pero hay algo más. Pregúntate cada cierto tiempo: ¿He bebido agua en la última hora? ¿Tengo los hombros encogidos por la tensión? ¿He respirado hondo hoy? Si la respuesta es no, ponte en marcha. ¡Pero ya!

 

 

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