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La dopamina del viajero: en busca del vértigo perfecto

¿Eres de las personas a las que atraen las atracciones de riesgo (“thrill-seeking”)? Entonces estos destinos -y sus obras de ingeniería- son para ti…

A muchos de nosotros nos atraen el peligro, las alturas, las atracciones vertiginosas… Queremos sentirnos vivos o por lo menos, sentir emociones controladas que nos alejen de nuestra rutina y nos hagan volar a otros mundos; que nos aceleren el pulso y nos lleven más allá.

 Valerie Voon, neuropsiquiatra de la Universidad de Cambridge, se pregunta: “¿Existe el gen del miedo o una estructura cerebral temeraria?”. Hay personas que se afanan en lo que los psicólogos llaman “la búsqueda de novedad”. Voon explica  que “las personas con este rasgo suelen ser impulsivas y las nuevas experiencias liberan una oleada de sustancias químicas del placer en sus cerebros”. Detrás de esta búsqueda de sensaciones estimulantes siempre está la dopamina. Siempre. Definida usualmente como la “hormona de la felicidad”, nuestro cerebro la libera durante las experiencias asociadas con el placer. Y es precisamente esta hormona la que hace a nuestros viajeros más temerarios recorrer el planeta en busca de experiencias únicas: alturas disparatadas, atracciones vertiginosas o puentes peligrosos con vistas inolvidables. Bienvenidos a algunos de ellos…

El vertiginoso puente de vidrio de Zhangjiajie (China)

Uno de los puentes más espectaculares del mundo se encuentra, como no podía ser de otra forma, en uno de los parques nacionales más impresionantes del mundo. Situado en la provincia de Hunan, estamos hablando del puente de cristal más alto y largo del planeta.  El puente cruza dos grandes acantilados en la zona del Gran Cañón de Zhangjiajie, con una longitud de 430 metros de largo y 6 metros de ancho, flotando sobre una caída vertical de 300 metros. Diseñado para soportar 800 personas atravesándolo al mismo tiempo, esta obra de ingeniería, diseñada por el arquitecto israelí Haim Dotan, fue clausurada días después de su inauguración por la enorme afluencia de personas. Afortunadamente nunca ha habido víctimas que lamentar.

El increíble puente flotante Ba Ren (Vietnam)

En la provincia de Quang Nam, en el corazón de Vietnam, se extiende el puente flotante Ba Ren. A simple vista parece que un grupo de personas lo hubiera improvisado: 200 metros de bambú y madera flotan sobre el río, con apenas dos metros de ancho y sin barandillas que nos brinden la más mínima seguridad. Sin embargo, el puente es la única vía de cientos de personas que cruzan a diario de un lado a otro. No hay otro camino. No existen otras opciones. Con el tiempo el puente se ha convertido en una atracción para los visitantes más aguerridos, que disfrutan de un peligroso paso que requiere grandes dosis de equilibrio. Dicen los guías que cada cinco días alguien cae al agua y aunque casi todos sobreviven, algunas personas no han vivido para contarlo.

Las manos más fotogénicas, las del Golden Bridge

Y sin salir de Vietnam, otro puente -este mucho menos peligroso- con millones de fotografías en Instagram. Se trata del puente Golden Bridge, una pasarela curva sobre las colinas de Ba Na sujeta por dos gigantescas manos de piedra que lo alzan cuidadosamente desde las montañas. Desde allí, el horizonte se abre entre nubes y montañas verdes, como si de una escena de “El Señor de los anillos” se tratara. En muy poco tiempo, el puente se ha convertido en uno de los reclamos más populares del turismo del país.

Entre glaciares: Trift Bridge (Suiza)

En lo alto de los Alpes suizos, el Trift Bridge parece flotar entre montañas y glaciares. Con sus 170 metros de longitud y 100 de altura, es uno de los puentes colgantes peatonales más largos de Europa. Cruzarlo es toda una aventura: cada paso se acompaña del vértigo del vacío bajo los pies y de unas vistas espectaculares del glaciar Trift, un río helado entre picos afilados. El puente se construyó en 2004 para reemplazar el acceso que se perdió cuando el glaciar empezó a retroceder y hoy es un destino imprescindible para senderistas y amantes de la adrenalina. No se trata solo de atravesar una pasarela suspendida, sino de vivir una experiencia única en la que la emoción se mezcla con la inmensidad del paisaje. Pero atención: con el viento el puente se mueve -y mucho-, convirtiendo la experiencia en una pesadilla no apta para quienes padezcan algo de vértigo. Las espectaculares vistas, sin duda, compensarán el mal rato.

Kuandinsky Bridge (Rusia)

En Siberia, sobre el río Vitim, se encuentra el Kuandinsky Bridge, un cruce de caminos que desafía al sentido común. Construido hace décadas como puente ferroviario, nunca llegó a ejercer como tal, y hoy sobrevive como una pasarela improvisada de apenas dos metros de ancho, hecha de tablones de madera húmedos y sin barandillas de seguridad. Aun así, muchos conductores locales —y algunos viajeros en busca de adrenalina— se atreven a desafiarlo. El viento helado, la nieve y el hielo que lo cubren gran parte del año convierten cada cruce en una hazaña. No hay atracción turística oficial ni entradas que pagar: solo la crudeza de un puente que combina vértigo, peligro y la belleza salvaje de Siberia.

Carrick-a-Rede Rope Bridge (Irlanda del Norte)

En la costa norte de Irlanda del Norte se alza uno de los puentes más fotogénicos y emocionantes del país: el Carrick-a-Rede Rope Bridge. Esta pasarela de cuerdas de apenas 20 metros de largo une la costa rocosa con la diminuta isla de Carrick, colgando a casi 30 metros sobre un mar siempre embravecido. Lo que comenzó hace más de 300 años como un acceso improvisado para pescadores de salmón, hoy es un imán para viajeros que buscan emociones extremas. Acantilados verdes, agua turquesa y, en días claros, la silueta de Escocia en el horizonte son sus principales bazas.

Y más cerca de lo que pensamos…

…el Caminito del Rey, en Málaga, se ha transformado en pocos años: de sendero temido a paseo imprescindible. Todo un atractivo para los miles de turistas que visitan la provincia. Suspendido en las paredes del desfiladero de los Gaitanes, este recorrido de pasarelas colgadas a más de 100 metros de altura ofrece una ración generosa de vértigo y paisajes inolvidables. Lo que antaño fue considerado uno de los caminos más peligrosos del mundo, hoy es una experiencia segura y emocionante, perfecta para quienes buscan naturaleza, adrenalina y fotos de infarto.

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