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El gen egoísta: sobrevivir o no, esta es la [única] cuestión

El científico Richard Dawkins descubrió hace más de 40 años otros secretos de la evolución

“Durante mucho tiempo he sentido que la biología debiera ser tan emocionante como una novela de misterio, ya que la biología es, exactamente, una novela de misterio”. Richard Dawkins habla de ciencia con la cercanía y sencillez de quien lo sabe todo sobre un tema. De su libro “El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta” se han vendido millones de copias. Allá por 1976 esta obra vio la luz, convirtiéndose en todo un fenómeno. Estamos hablando del primer best seller de divulgación científica.

El propio Richard Dawkins, en el prólogo de la edición de 1989 repasa la historia de un libro más vivo que nunca. De las críticas favorables iniciales, a ‘la fama de conflictivo’ posterior, pasando por quienes lo consideran “radicalmente extremista”. Su fama no ha dejado de crecer -ni de cambiar- con los años. Él no comprende estas reacciones. “La teoría del gen egoísta es la teoría de Darwin, expresada de una manera diferente, pero me gustaría pensar que Darwin la habría aprobado y que le habría encantado”, comenta Dawkins. 

¿Egoístas, pero altruistas? 

El libro se inicia con una sencilla pregunta que harían extraterrestres ‘superiores’ si llegaran a nuestro mundo: “¿Han descubierto, ya, la evolución?”. A través de sus páginas, ‘El gen egoísta’ busca respuestas certeras y las acerca a un público profano. De forma amena, Dawkins ‘culpa’ a los genes y no a los individuos de la evolución. Así, un gen es una ‘unidad informativa heredable’ capaz de producir efectos concretos. Como por encanto aparecen otras unidades de información, alelos, con efectos diferentes. El relato se complica al analizar el comportamiento de genes aislados y genes cooperativos.

En este punto, el egoísmo es la metáfora con la que el autor explica cómo un gen prospera, adaptándose al medio. “El gen busca la inmortalidad” y los organismos no son más que “máquinas de supervivencia para los genes”. Una especie de tanques a su servicio. Con esta teoría, Dawkins explica las relaciones entre los seres humanos, la violencia, la brecha de género o el altruismo.

Para él, la selección natural elige entre genes. “No debería sorprendernos encontrar organismos individuales que se comporten de manera altruista por el bien de los genes, alimentando y protegiendo a familiares que, probablemente, compartan copias de los mismos genes. Tal altruismo de parentesco es solo una forma en que el egoísmo genético puede traducirse en altruismo individual”, explica el autor.

El gen que quería llamarse inmortal 

Mucho ha llovido desde que ‘El gen egoísta’ viera la luz. El ADN o el genoma humano descifrado han revolucionado un mundo apasionante. El propio autor reconoce esos cambios vertiginosos, pero no modificaría apenas su libro. “Hay poco en él que me apresuraría a deshacer ahora o por lo que me disculparía”. Lo que sí haría es cambiar el nombre. A Tom Maschler, editor inglés, le gustó mucho el libro. Él fue uno de los primeros en leerlo, pero sugirió cambiar el nombre. ’El gen egoísta’ le parecía “deprimente”. “¿Por qué no llamarlo ‘El gen inmortal’?”, sugirió a Richard Dawkins. “Al fin y a la cabo, la inmortalidad de la información genética es el tema central del libro y ‘gen inmortal’ tenía casi el mismo tono intrigante que ‘gen egoísta’”, explicaba el autor en una entrevista en THE TIMES. “Ahora creo que Maschler podría tener razón”.

Egoísta o inmortal, aquel gen ha dado que hablar durante 46 años. Científicos de todo el mundo lo han leído y discutido con más o menos pasión, mientras que miles de profanos se han acercado a la genética gracias a él. ¿Se puede pedir más? Sí, una segunda parte, a la luz de los nuevos descubrimientos.

EL GEN EGOISTA: LAS BASES BIOLÓGICAS DE NUESTRA CONDUCTA”, de  Richard Dawkin. Editorial SALVAT CIENCIA

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