Pocos saben quiénes son Lawrence Roberts, Robert Kahn, Vinton Cerf y Tim Berners-Lee. Juntos, estos cuatro magníficos dieron un paso gigante en la historia de la humanidad. Juntos inventaron Internet y juntos recogieron orgullosos su Premio Príncipe de Asturias en 2002. Aquel año, Woody Allen, también galardonado, les hizo reír
recordando a un comediante que al recibir otro importante premio dijo: “No me lo merezco, pero tengo diabetes y tampoco me lo merezco». Ellos sí merecían su premio. En aquel lejano año, pocos sabían que uno de los creadores de la web, Tim-Berners-Lee, luchó desde el principio para que su invención fuera libre y gratuita. ¿Cuánto podrían haber ganado si hubieran comercializado su invento? Pero él pensó que aquello era demasiado bueno para no compartirlo.
Locos por el ser humano
La tecnología siempre provoca en nosotros una mirada fría, temerosa, pero tiene una cara oculta que puede conmovernos como el mejor arte. Tras los datos y la ciencia siempre hay personas: las que sueñan tecnologías disruptivas y las hacen realidad. Y entre esas personas existen ejemplos inspiradores que todos deberíamos conocer. Es el caso de Sugata Mitra, otro desconocido para el gran público, que ha ayudado a millones de niños a aprender sin escuelas.
Mitra trabajaba en Nueva Delhi y veía con preocupación que la educación estaba en manos de unos pocos. Un día decidió hacer un agujero en el muro de su oficina y colocar ahí un ordenador, al alcance de los niños del suburbio. “Al principio no pasó nada. ‘¿Lo ves? Es muy complicado’, me decían. Al cabo de unas horas un compañero me preguntó ‘¿Quién les ha enseñado a navegar?’”. Ellos solos habían aprendido, y más importante aún, se enseñaban los unos a los otros. “Lo llamé aprendizaje auto-organizado porque no hay profesor”, explica. Los niños tardan en general 6 minutos en aprender a manejar ratón y navegador y en 2 horas se han agrupado enseñándose los unos a los otros. Hoy su sistema se extiende por todo el planeta y los niños aprenden más, acompañados de profesores que los guían y motivan.
Patrick Awuah es otro ejemplo inspirador. Este ingeniero ganés se hizo multimillonario trabajando en Microsoft, pero un día lo dejó todo para crear una escuela de negocios en su país. Hoy Ashesi University imparte grados en empresas, informática e ingenierías y sus alumnos son reconocidos en todo el mundo.
Y siguiendo en este sector, la tecnología al servicio del ser humano tiene grandes nombres como Severin Hacker y Luis von Ahn, quienes han acercado la enseñanza de idiomas, gratis, a millones de personas con Duolingo; o Salman Khan, quien creó la Khan Academy con una visión clara: “Educación gratuita y de calidad para cualquier persona, en cualquier lugar”. Esta visión es compartida por Daphne Koller y Andrew Ng, profesores de Stanford y fundadores de Coursera. Ellos un día decidieron romper barreras y acercar las universidades de élite a todo el mundo.
¿Y cuál es el denominador común entre éstas y tantas historias de personas que usaron la tecnología para cambiar la educación, y de paso nuestro mundo? La curiosidad, el inconformismo y, sobre todo, la bondad.
(Otro día hablaremos de algunos de los otros grandes, los que utilizan día a día la tecnología para salvar vidas).