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La IA como terapeuta: por qué un amigo digital nunca será un amigo real

Scott Galloway, autor best-sellers y profesor de marketing en la Universidad de Nueva York, nos lo explica claramente

Puede ayudar a los más jóvenes a hacer los deberes, a los directivos a diseñar una estrategia comercial, te puede redactar mails muy profesionales y te aporta cientos de ideas creativas para emprender un nuevo proyecto. La inteligencia artificial -IA para amigos y conocidos- ha irrumpido en nuestras vidas cómodamente. Tan cómodamente como la utilizamos en nuestro día a día. Intuitiva, rápida y asequible para todos, la IA es hoy para nosotros mejor que el mejor buscador.

Más allá del trabajo y el colegio, la inteligencia artificial está ocupando espacios reservados para el ser humano. Hoy, millones de personas están utilizando la inteligencia artificial como un apoyo para corazones cansados, malheridos o simplemente, decepcionados. Un terapeuta asequible, una psicóloga siempre a mano, un psiquiatra dispuesto a casi todo, un amigo inquebrantable… Pero este terapeuta se queda muy en la superficie, esta psicóloga casi no nos conoce, a este psiquiatra le importamos poco y como amigo o amiga deja bastante que desear.

Así lo explica Scott Galloway, escritor superventas y profesor de marketing en la Universidad de Nueva York, quien lanza un importante aviso a navegantes. La inteligencia artificial no nos brinda una relación real y ahí reside su problema principal. “Si bien puede imitar las relaciones humanas en algunos aspectos, en realidad puede ocupar un espacio donde los seres humanos podrían estar. O deberían estar y eso nos está distanciando”.

“Las personas se apoyan en sus relaciones con la IA de la misma manera que antes se apoyaban en los seres humanos. Esto puede deberse a que otros seres humanos no siempre están disponibles”, explica Galloway. En un mundo veloz, donde lo fácil y rápido impera, estas nuevas “relaciones” triunfan. «Hay que tener en cuenta que estas cosas no son humanos reales», afirma este profesor. «Están diseñadas para mantenerte en la pantalla» y para, «a veces, brindar un apoyo excesivo». Sin empatía ni sentimientos, siempre nos dirán lo que esperamos escuchar, no lo que realmente nos puede ayudar. La interacción es superficial y no resuelve nuestros problemas porque no ataca las causas. Simplemente son un apoyo momentáneo que no viene mal, pero no va más allá. La IA ofrece a las personas exactamente lo que anhelan. Quizás incluso demasiado.

Un amigo muy inteligente, pero bastante artificial

0 compasión, -7 empatía

No busques honestidad en la inteligencia artificial: aunque en ocasiones te parecerá que la tiene, no es así. Recuerda que un reloj parado da la hora bien dos veces al día. Una máquina puede acertar algunas veces, pero no te engañes. La inteligencia artificial siempre te dirá lo que quieras escuchar, lo que haga que te quedes con ella un ratito más…

El amigo invisible

Para Galloway, el ser humano corre el riesgo de caer en la trampa del consumo de «calorías vacías». La IA actúa como un amigo, pero ¿cuántos amigos tienes que te digan siempre, siempre, exactamente lo que quieres y no lo que necesitas? Estos bots validan nuestra visión del mundo, reforzándola, aunque sea equivocada o dañina.

Fácil, pero sin sentimiento

Es precisamente su sencillez su talón de Aquiles. La usamos porque es fácil, porque no nos complica la vida, porque nos permite no pensar… ¿Pero quién dijo que las cosas realmente interesantes de la vida sean fáciles? Las relaciones humanas son muy complejas y ése es su principal atractivo. Nos enriquecemos de la experiencia de los otros y de su cariño por nosotros, incluso de su animadversión.

Poca energía, poca recompensa

“Es difícil establecer una jerarquía entre amigos, acercarse a la gente y expresar amistad”, puntualiza Galloway, “por eso resulta tentador ser amigo de la IA”. Sin problemas, códigos de conducta, la relación con ella requiere poco tiempo y ninguna energía. Con nuestros semejantes es todo lo contrario. El desafío de las buenas relaciones, la recompensa que obtenemos, nunca podrá compararse con la relación con una máquina. Aunque ésta, en ocasiones, roce la perfección.

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