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Aquí huele a aquel viaje…

No desestimes el increíble poder del olfato para activar recuerdos de nuestras visitas a otros lugares donde fuimos felices

Recuerdas aquel lugar, a las personas que estaban contigo, la temperatura que hacía. Recuerdas conversaciones, el color del cielo, la sensación de felicidad… Pero sobre todo, recuerdas aquel olor. Cada vez que vuelve a ti, con él llega una catarata de recuerdos de aquel viaje. Aquel lugar está atado con un lazo invisible a esos olores que nunca podrás olvidar.

Es famosa la anécdota de la magdalena de Marcel Proust, que da nombre al llamado ‘Fenómeno Proust’. Cuentan que el escritor mordió una magdalena que había mojado en té de tilo. De repente un recuerdo olvidado de su infancia llegó como por arte de magia y quiso plasmar esta anécdota en Por el camino de Swann (el primer volumen de En busca del tiempo perdido). Así, este fenómeno que toma el nombre prestado al escritor -con permiso de su famosa magdalena- describe el evocador viaje al pasado que un olor determinado nos puede provocar. Este viaje sensorial en el tiempo tiene sus raíces en la arquitectura cerebral.

Existe una poderosísima relación entre el olfato y nuestra memoria: no sólo nos aviva los recuerdos de forma clara sino que los ancla en nuestro cerebro. Las conexiones están claras para los científicos que las han investigado. En un estudio de 2016, Rachel S. Herz, responsable de Psiquiatría y Comportamiento Humano de la Universidad de Brown, destacaba cómo el olfato no solo es un potente desencadenante de la memoria, sino que también desempeña un papel esencial en la mejora de nuestro bienestar.

Herz descubrió que los olores vinculados a recuerdos positivos pueden potenciar las emociones positivas, reducir los estados de ánimo negativos y disminuir el estrés, así como los marcadores de inflamación en el cuerpo. Esta investigadora demostró que el olfato tenía una conexión mucho más directa con nuestro cerebro que la vista o el oído, que recorren caminos más sinuosos. Las emociones y los recuerdos están servidos a través de todos los sentidos, pero olores como el de una fogata en la playa, la colonia de bebé o la hierba recién cortada evocaban recuerdos más intensos que su representación visual o sonidos que se identifican con estos aromas.

Un viajero con narices

  1. Disfruta de los aromas que te rodean cuando estás lejos de casa
    No te avergüences de cerrar los ojos para captar con toda la intensidad esos aromas únicos de la naturaleza, los olores de las grandes urbes, el tomate con orégano de una pizza recién hecha en Nápoles, la dama de noche de las calles de Sevilla, el olor a mar bravo cuando se avecina una tormenta. Atesora esos recuerdos con atención plena porque volverán a ti cuando menos lo esperes y te llenarán de felicidad. Cuanto más practiques, más sencillo será.
  2. Vuelve a ellos siempre que puedas Alguna pequeña tienda de barrio tendrá ese café que compraste en Etiopía o el curry que probaste en tu primer viaje a la India. El olor de un bar cercano puede transportarte al pub más antiguo de Dublín y el jardín de tu amigo, a la campiña francesa. Sólo hay que estar atento a lo que sucede en la vida día a día, entre marrón y marrón. Los recuerdos gratos siempre están ahí, pero no siempre nos los permitimos.
  3. Oler y respirar sin reservas Una pequeña bocanada de aire puede contener todos los olores de aquel viaje inolvidable. No vale ahorrar en los grandes placeres gratuitos: tomar el sol rodeados de árboles y flores en cualquier parque o pasear por las calles más cosmopolitas de nuestras ciudades y pueblos. Donde habitan otras culturas, muy cerca de nuestras casas, podremos recordar algunas de nuestras escapadas más añoradas.
  4. No sé si me gusta o me espanta Como otras muchas cosas mágicas del mundo, los olores diferentes no siempre nos conquistarán a la primera. Muchas veces deberemos acostumbrarnos a esos aromas tan distintos a los nuestros: especias que en un primer momento nos desagradan pueden convertirse en recuerdos maravillosos. Los olores, como los sabores, como las personas, y como tantas cosas buenas de la vida, necesitan su tiempo. Piérdelo sin remordimientos.

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